Estados Unidos del sabor

10/13/2012

  Escapada

Los tópicos se combaten viajando y el que asocia Norteamérica con la comida basura es uno de ellos. Estados Unidos ofrece, de este a oeste, tanto sabores cómo podamos imaginar. Un sabroso trayecto de costa a costa para acabar con cualquier prejuicio.

Para arrancar nuestro viaje por la gastronomía estadounidense, la primera parada no puede ser otra que Nueva York. La Gran Manzana es un crisol de culturas en el que caben todas las comidas del mundo, pero la hamburguesa aparece como el verdadero símbolo de la ciudad. Hay casi tantas como restaurantes, pero en Corner Bistro, en el cruce de la Cuarta Avenida y Hudson, se sirve una de las mejores, acompañada de patatas y cerveza de grifo. 

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Otro emblema neoyorquino es el brunch, ese término medio entre el desayuno y la comida para aliviar resacas o tomarse el día con calma, periódico en mano, los días festivos. Los básicos del menú no suelen variar demasiado: cócteles, huevos benedictinos y café a discreción. Luego toca decantarse entre la sofisticación del Pastis del Meatpacking district, famoso por aparecer en Sexo en Nueva York, o el carácter popular de Sylvia’s, en Harlem. ¿Algo más? Todo lo que se pueda imaginar. Parrillas, restaurantes eco en Brooklyn, marisquerías, templos del pastrami… Nueva York es una ciudad llena de sabores.

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Boston y Chicago, marisco y carne

Si hay una ciudad con encanto en la costa este, ésa es Boston, abierta al mar y repleta de paseos y rutas por los que recorrerla a pie. Su ambiente universitario, su aire europeo y sus espacios verdes están repletos de encantadores restaurantes en los que degustar ensalada de langosta, ostras al natural o pastel de cangrejo. Entre los pioneros, está el Union Oyster House, que lleva abierto al público desde 1926.

Más al centro, se encuentra la moderna Chicago, la ciudad del viento y de los edificios firmados por algunos de los más afamados arquitectos del siglo. También es la cuna del hot dog, nacido durante la Exposición Universal de 1893. Esta receta sencilla para degustar sobre la marcha admite tantas variaciones como uno pueda imaginar: de la simple salchicha entre panes, hasta cebolla frita, pepinillo, queso fundido o incluso foie. Otro de los must de la ciudad de Obama son los steakhouses, donde comer costillas o el t-bone, llamado así por la forma del hueso que queda en el corte de la chuleta. Uno de los restaurantes más conocidos es el N9NE, alabado en la guía Michelin. 

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 La ‘soul food’ del sur y la California ‘bio’

La gastronomía del sur estadounidense es un fiel reflejo de la mezcla histórica de culturas y razas de la zona: La ‘soul food’ posee la mayor riqueza y diversidad de todo el país. El pan de maíz y el pollo frito figuran en la mayoría de las recetas de las dos Carolinas, Tennesse o Kentucky. En Lousiana, además, florecen las recetas de comida criolla, con influencias afrancesadas, como la sopa gumbo con mariscos o la jambalaya, con arroz, langostinos, pollo y mucha pimienta. También mestiza es la cocina del estado de Texas, que toma elementos de la cercana gastronomía mexicana. El resultado es el Tex-Mex, una apropiación de los elementos básicos de las recetas charras pero con algunas peculiaridades: un mayor uso de queso en burritos y quesadillas y la sustitución de la carne de cerdo por la de ternera.

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Remontando por la costa oeste llegamos hasta California, que apuesta ahora por la comida slow, orgánica y bio como complemento al culto al cuerpo y la belleza. Vegetales locales, carnes ecológicas y sándwiches orgánicos hacen las delicias de los californianos que no duda en regar estas recetas con los vinos de Napa Valley, epicentro de una tierra de viñedos, en la que visitar bodegas y asistir a catas es parte de la experiencia.

Por Javier Sánchez

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